Secretos de los presidentes


Por Maira Landa


Interesante, divertido, indiscreto, revelador… todo eso y más es este libro repleto de curiosidades sobre los 43 presidentes que ha tenido Estados Unidos. Su subtítulo: “Lo que sus maestros de escuela superior nunca le dijeron sobre los hombres de la Casa Blanca”.

En orden cronológico, con una prosa sencilla, el autor nos presenta una minuciosa recopilación de datos -muchos desconocidos- sobre cada uno de los presidentes. Pero no se confunda: se trata de un libro muy serio a pesar de sus ilustraciones caricaturescas y de estar narrado en forma jocosa. Los hombres que llegaron a ser presidentes de los Estados Unidos nos son develados con sus manías, grandes pecados y pecadillos. Como dice el autor: “Son seres humanos: débiles, neuróticos, atemorizados y algunas veces depravados”. A través de sus actuaciones entendemos -desde otro punto de vista- cómo influyeron en la transformación del sistema sociopolítico de ese país.

¿Sabía usted que George Washington era en extremo irascible? ¿Que Tomás Jefferson tuvo varios hijos con una esclava negra? ¿Que a John Quincy Adams le gustaba bañarse desnudo en el río Potomac y que Alexander Hamilton fue el primero en protagonizar un escándalo de infidelidad matimonial? Samuel Adams, por otra parte, era un gastador compulsivo; William Henry Harrison murió de un resfriado cuarenta y cinco días después de haber juramentado; Franklin Pierce tenía serios problemas de alcoholismo y se cree que James Buchanan era homosexual y que estuvo considerando comprar la isla de Cuba. Abraham Lincoln tenía poca preparación académica y poseía esclavos, a pesar de que en público luchó contra la esclavitud; durante la incumbencia de Ulises Grant hubo la mayor corrupción gubernamental que se recuerde y Benjamín Harrison era insensible e inexpresivo. Hay muchos más datos curiosos: William Howard Taft pesaba 325 libras, por lo que se necesitó instalar una bañera enorme en la Casa Blanca, y Calvin Coolidge exasperaba a los periodistas porque contestaba en monosílabos.

En una sección sobre la Casa Blanca, descubrimos que John Adams fue el primero en ocuparla, que el agua corriente fue instalada en 1831 y que durante la incumbencia de Andrew Johnson hubo una invasión de ratas, arañas y cucarachas que tomó años erradicar, sobre todo porque ¡al Presidente le daba pena matarlas! En esa mansión existe -sí, existe todavía- una red compleja de túneles subterráneos, construida como refugio en caso de guerra, pero que sólo se ha usado para hacer entrar secretamente a las amantes de los presidentes.

Como no podía faltar un apéndice dedicado a las primeras damas, descubriremos que la esposa de Abraham Lincoln era terriblemente celosa y derrochaba el dinero; las de Franklin Pierce y Ronald Reagan invitaban a médiums para consultarlos; la de Ulises Grant era bizca; la de Rutherford Hayes fue la primera con una educación universitaria; la de Henry Hoover dominaba el chino y el latín, la de Dwight Eisenhower sufría de claustrofobia y la de John Kennedy gastó $121,000 en ropa en un solo año: el 1962.

Este libro delicioso mantendrá entretenidos y muertos de risa a los lectores, desde su inicio hasta su final. Después de todo, los presidentes también son seres humanos.


La autora es una escritora cubana residente en Puerto Rico.