¿Se lee o no se lee en la Isla?


Por Maira Landa / Especial El Nuevo Día

· Varias voces reflexionan en torno a esta polémica a partir de dos premisas unánimes: los escritores deben renovarse y hay que actualizar las lecturas asignadas en las escuelas para hacerlas más atractivas a los estudiantes.

Los entrevistados estuvieron de acuerdo en que parece que la lectura se ha puesto de moda, pero que las instituciones educativo-culturales deben ser más activas.

Lo que leen los puertorriqueños

En Puerto Rico la gente no lee. Escuchamos con frecuencia este enunciado categórico. ¿Será cierto? Las librerías están llenas, pero ¿de lectores? Escritores, editores, dueños de librerías, profesores y estudiosos de la literatura expresan su sentir. ¿Cuál es el perfil del lector puertorriqueño?
La doctora Carmen Dolores Hernández, crítica literaria de El Nuevo Día, dice “En Puerto Rico se lee más de lo que la gente suele suponer”.

PERFIL DEL LECTOR PUERTORRIQUEÑO

Por género

56% mujeres

44% varones

Por nivel socioeconómico

50% medio alto

46% alto

4% bajo

Educación

62% postgrado o doctorado

29% profesionales

8% estudiantes

1% otros

Edad

18 – 24 - 8%

25 – 34 - 19%

35 – 44 - 45%

45 – 54 - 25%

55 o más - 3%

(Tomado del perfil de los estudiantes de Creación Literaria de la USC, estudiantes de los talleres del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Ciudad Seva y varios círculos de lectura del País.)

“Hasta el siglo pasado, la lectura estaba asociada a un nicho de cultura clásica. La lectura de entretenimiento ocupaba otro rango que se presumía inferior. En los últimos años ese concepto se ha demolido y hoy la llamada alta cultura y la pop están en el mismo salón”, señala el profesor Mario R. Cancel.

Con él concuerda Alfredo Torres, dueño de las librerías La Tertulia: “El siglo 20 fue pesado, por lo que ahora la gente busca alejarse de sus problemas y relajarse a través de la lectura. En los últimos cincuenta años, la educación en Puerto Rico ha mejorado, ahora tenemos varias universidades y un poder adquisitivo alto, comparado con América Latina. Aquí la gente lee, aunque hay dos tipos de lectores: los obligados, un grupo grande, que leen lo que les mandan en sus clases y que podrían convertirse luego en buenos lectores. También están los que leen por placer y porque tienen inquietudes”.

Neeltje Van Marissing, directora de Ediciones Generales de Santillana, comenta “ahora hay más acceso a los libros, que se venden hasta en los supermercados y farmacias, lo cual los acerca al público consumidor”. “Además -comenta la doctora Hernández- hoy en los medios se ofrecen informaciones sobre libros y autores. Quizás es por la facilidad que tiene la gente de escribirme por internet, pero ahora recibo más cartas sobre las reseñas publicadas en la revista dominical de El Nuevo Día y la gente me comenta sobre ellas”.

La escritora y editora de la revista Letras Nuevas, Mara Cruz, opina que “ahora la literatura es más fresca, hay mucha variedad en las librerías, tenemos acceso a televisión por cable y a internet”.

“Puerto Rico tiene menos población que otros países latinoamericanos, pero hay más ventas proporcionales y se lee mucho más que en América Latina. Sin embargo, Europa es otra cosa, allá ha habido siempre un mayor hábito de la lectura”, asevera Alfredo Torres.

Sin embargo, los escritores Francisco Milián León y Yolanda Arroyo Pizarro, consideran que en Puerto Rico no se lee suficiente.

“Es curioso -dice Mara Cruz- en mis viajes por América Latina y Europa para ir a ferias de libros y a eventos culturales, la asistencia es masiva y es notable que las librerías están desbordadas, pero oigo el mismo reclamo de aquí: que no se lee. Eso siempre me ha llamado la atención. Parece que es una preocupación general. También se plantea que no se lee más porque los libros son muy caros”.

La doctora Hernández reitera lo siguiente: “Aunque esto es puramente conjetural, creo que las mujeres leen mucho, por los clubes de lectura que hay en Puerto Rico; que los jóvenes entre los 20 y 30 años están leyendo y que también lo hacen las personas retiradas. Además, que los de nivel educativo más alto leen más, lo cual no necesariamente corresponde a un mejor nivel socioeconómico”.

El profesor Elidio La Torre Lagares, de Editorial Terranova y los escritores Yolanda Arroyo Pizarro y Francisco Milián, también aseguran que nuestros lectores gustan de leer no sólo en español, sino también en inglés.

De acuerdo con los entrevistados, la presentación del texto, el contenido de la historia y la habilidad para mercadear el producto con efectividad son hoy las claves del éxito de un libro.

Las librerías

Alfredo Torres comenta que las librerías locales están en problemas. Según él, esto se debe a tres factores: “En los años 80, las librerías de los centros urbanos comenzaron a reubicarse en los centros comerciales, donde el costo operativo es muy alto, por lo que tuvieron que diversificarse y subir los precios. Por otro lado, la aparición y la revalorización del euro aumentó los precios de los libros editados en Europa. Por último, la entrada de las grandes librerías atrajo a mucha gente y las locales no podemos competir con las políticas operativas de esas empresas, porque son muy agresivas. Esos tres factores trajeron como consecuencia que muchas de nuestras librerías quebraran. Las que quedamos, hemos tenido que reinventarnos y estamos luchando”.

En efecto, en los últimos tiempos es notable que hay una mayor actividad en las librerías locales, que ahora ofrecen eventos para atraer clientes: charlas, lectura de cuentos y poemas, presentaciones de libros y otros.

De manera unánime, los entrevistados estuvieron de acuerdo en que parece que la lectura se ha puesto de moda, pero que las instituciones educativo-culturales deben ser más activas y que se necesitan más espacios para el periodismo cultural.

Todos opinan que los escritores deben renovarse y que hay que actualizar las lecturas asignadas en las escuelas para hacerlas más atractivas a los estudiantes. Y, sobre todo, que es de vital importancia que se estimule el hábito de la lectura entre los niños y jóvenes. Ellos serán los lectores de mañana.

No todo está perdido.