Terminé de leer Concierto para Leah.

 

Anoché decidí cambiar el color de mi cabello; fui a la farmacia compré un tinte marrón y listo. Me lavé la cabeza, me bañé con un gel de vainilla y me restregué los dedos de las manos con un cepillo de cerdas duras para eliminar el residuo de tinte en las uñas.  Me sequé el pelo y me recosté a leer. Realmente el sueño me venció. Esta mañana decidí darme el lujo de no ir a trabajar y quedarme leyendo. Entre una cosa y otra, retomé mi lectura a las cuatro de la tarde.

 

Leah, una jovencita con tantas ganas de vivir provocó que mis lágrimas rodaran varias veces. Desde el principio me capturó. La relación con su padre me llegó a los más profundo. Recordé a mi papá, quien solía pararse detrás de mí mientras escribía; no me decía nada, solo me observaba. También vi en Leah a mis estudiantes y la capacidad que tienen de enfrentarse a las cosas. La historia es tan desgarradora y real; muestra de una manera magistral lo que pasó con los judíos. Mi corazón latió con fuerza. Hubo ocasiones en las que sentí una vacío en el estómago. Leah es producto de la imaginación, pero todo el sufrimiento que representa fue real. 

 

En mi más humilde opinión, desde esta posición de escritora novata, que solo sé que aún no sé absolutamente nada, opino que el trabajo de Maira es excelente.

 

Las escenas en los campos de concentración son descritas a perfección. Las descripciones sobre los cadáveres unos sobre los otros, trajeron a mi mente una foto de uno de los libros que tengo sobre el tema. En esta aparecen unas mujeres pelando papas y al fondo, la montaña de cadáveres. El conocimiento sobre la música, los poblados, de Francia, la historia del Saint Louis evidencian la minuciosa investigación por parte de la autora. Ahora puede entender lo que dijo en la presentación acerca de las anotaciones: "la computadora iba a reventar..."

 

El lenguaje del personaje es tan adecuado, sus sentimientos, sus miedos, todo. Me gustó mucho el juego con la narración. La primera persona para la historia de Leah, que nos hace sentir al lado de ella, que nos hace odiar aún más a los nazis. La tercera persona para la historia de Alex nos aleja del tono personal de Leah y de su relación con la protagonista. Percibí la técnica narrativa  como un juego con el tiempo y los sentimientos. Como dijo Landa en la presentación de la obra: "un final circular", bello esperanzador y desde mi punto de vista un tributo a los judíos o a todos los que no se han rendido.  

  

Ahora el detalle que nunca me hará olvidar la historia:

 

Mientras leía la novela, la sostenía con la mano derecha y el dedo pulgar apretaba firme la página. De repente me miré la uña, la tenía todavía teñida de marrón; aún se veía sucia por más que la había restregado con un cepillo y lavado con un jabón oloroso, la mancha del mundo frívolo y de la vanidad estaban ahí. Solté el libro y este se cerró, de frente a mí la portada: unas uñas cortas sucias dispuestas a tocar un violín. Vi esas uñas como el símbolo del sufrimiento y maltrato que padeció Leah en la novela y que padecieron millones de judíos. Volví a mirar las mías... entonces, recordé a José Martí en sus cartas a María Mantilla:

 

Que cuando mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana, bañada de luz. Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo: tú vales más. Sonríe, y pasa. 

 

Leah, bañada de música; Maira, bañada de letras... 

¡¡¡Bravo Maira!!!  
Melissa Padilla Ponce de León, escritora

mpadilla925@gmail.com