Cómo matar una brújula

Por Maira Landa

En un texto novelesco que rememora el ‘Viaje a la semilla’, de Alejo Carpentier y que toma como inspiración una cita de ‘Rayuela’, de Cortázar, el autor nos asoma al laberinto agónico por el que atraviesa el protagonista, un hombre cuyo nombre nunca conocemos. Es un ente que va en busca de su propia identidad en una historia muy compleja y que salta de una situación a otra en el tiempo y el espacio, desde el presente -con alusiones a líneas telefónicas, automóviles y otros elementos modernos- hasta la época indígena, previa al descubrimiento de la Isla por los españoles.

Con una narración muy cuidada, muy sensorial, plena de recursos lingüísticos, Ramos Escobar va tejiendo en ‘Matador de brújulas’ una urdimbre complicada de imágenes, en torno a las experiencias de ese ser y las situaciones que atraviesa Puerto Rico, pero en ocurrencia inversa, hacia el pasado. Las historias no están separadas, sino que van de una a otra en saltos abismales, lo cual hace que el lector se desoriente inicialmente, piense que es un relato inconexo y que no encuentre el hilo con facilidad. Sin embargo, hacia la mitad del texto empieza a darse cuenta de la trampa que le ha tendido el autor y siente curiosidad por ver hacia dónde se dirige. Esta novela puede tener varias lecturas. Hay un paralelismo del protagonista -como individuo- con Puerto Rico -como colectivo-, un pueblo desorientado en busca de su propia identidad, marcado por sus situaciones históricas. Aún sin rumbo, el hombre destroza la brújula porque le ha marcado su ‘norte’ y no le ha permitido encontrarse a sí mismo. ¿Tal vez una alegoría del ‘otro norte’?

En una ruptura en el tiempo, la historia da un giro circular y regresa al presente, en medio de la oscuridad de un cine, donde otras personas observan la historia que se ha estado proyectando y que es la misma que acabamos de leer. El narrador dice: “En todos hay expectativa, incertidumbre, duda. Aplasta la brújula y sale del cine. Sabe que, si permanece allí, seguirá adentrándose por el pantanal de la espera y volverá a extraviarse en sus propios miedos. Sabe que tendrá que inventar el camino, pero confía en que podrá crear su propia brújula, con la aguja sin dirección fija”.

Al final, en las dos o tres últimas páginas, cobra presencia la brújula y su significado. Hay una epifanía y todo se llena de luz para el lector. Éste entiende entonces que ha llegado a sentir la misma angustia del protagonista y que ha caído para siempre en las redes literarias del autor. Ramos Escobar explora con sutileza los laberintos de la mente y de las situaciones históricas que afectan al hombre-pueblo. Narrar en retrospectiva implica una gran complejidad y dominio del oficio de escribir. Un trabajo magistral.

La autora es escritora. Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Escribe su primera novela.