“Concierto para Leah” de Maira Landa

Por: Jessika Reyes Serrano

 

Palabras que llegaron a mi mente mientras leía la novela: libertad, injusticia, prepotencia, música, historia, memoria, olvido, testigos, esperanza.

 

 

            Injusticia. En la novela, “Concierto para Leah” de Maira Landa, se hace presente que la injusticia es una condición humana. Mediante los ojos de una adolescente nos hacemos partícipes de las atrocidades que cometieron los nazis en contra de los judíos. A pesar de que en la narración permea un ambiente y vocabulario musical, en ciertas ocasiones, las narraciones en las cuales se presentan detalladamente los abusos cometidos, ocasionaron que me sintiera drenada, aturdida y cómplice de tanta maldad.  A veces,  no podía soltar la lectura, pero en otras era necesario hacerlo porque Leah se apoderaba de mí y sentía que si continuaba leyendo me iba a consumir con ella. Incluso, podía percibir el olor a muerte, sentir el dolor y ver las imágenes que llegaban a mis ojos acompañadas de terror.

            Historia. La historia siempre se va a repetir mientras haya un país, raza o persona que sienta prepotencia. El racismo y la xenofobia son males que nos acompañan en la actualidad. Cuando leí el pasaje en el cual Leah describía cómo viajaron en el vagón del tren, recordé el relato “La arribada forzosa” que aparece en el libro Puerto Rico negro de Angel López Cantos y Jalil Sued Badillo.

Refiriéndose al viaje en barco en el cual traían a los africanos:

“Van tan apretados, tan asqueroso y tan maltratados que me certifican los mismos que los traen, que vienen de seis en seis, con argollas por los cuellos, y estos mismos de  dos en dos con grillos en los pies de modo que de los pies a cabeza vienen aprisionados, debajo de cubierta, cerrados por de fuera donde no ven el sol ni luna, que no hay español que se treva a poner la cabeza al escotillón sin almadiarse, ni ni a perseverar dentro una hora sin riesgo grave de enfermedad. Tanto es la hediondez, apretura y miseria de aquel lugar”.

En “Concierto para Leah” refiriéndose al viajen en el vagón:

“Como el vagón iba repleto, con los bandazos era imposible permanecer en pie, tampoco había espacio para sentarse. Intentábamos mantener el equilibrio emocional y físico. El calor era sofocante, y, además, estábamos desfallecidos por el hambre, la sed, las humillaciones y los golpes recibidos. (...) Varias horas más tarde, el piso estaba cubierto por una mezcla pegajosa de orines, excrementos y vómitos, sobre todo porque se había desbordado un cubo que los nazis dejaron allí para que hiciéramos nuestras necesidades, como si fuéramos animales. Como el aire fresco apenas entraba el hedor se nos metía por la nariz, por la boca y nos producía náuseas incontenibles”.

            Me parece pertinente establecer un enlace entre el proceso de conquista (que provocó la exterminación de muchos indígenas y la esclavitud de los negros) y el Holocausto. Ambos eventos han sido de los más sangrientos en la historia de la humanidad. Ambos han sido guiados por el mismo pensamiento egocéntrico: “nosotros somos superiores y venimos a “salvar” al mundo”.

            Sin embargo, contrario al proceso de conquista, el Holocausto sucede en un mundo ya mediático, frente a millones de personas que no hacían nada. Existen fotos, videos y libros autobiográficos que recuerdan el atropello que vivieron millones de personas.

            Memoria. Según el escritor, Arcadio Díaz Quiñones, los puertorriqueños poseen una memoria rota: se ha olvidado el proceso de esclavitud y la situación colonial entre otras cosas. Sin embargo, Maira Landa rompió con el silencio. Ella rescata un hecho pasado que muchos conocen, pero pocos recuerdan. Además, incluye al Caribe en un evento que, tal vez, podemos ver lejano en tiempo y en distancia física. Para otros escritores o escritoras la presencia del Caribe en el famoso Holocausto hubiese sido impensable, sin embargo, Maira lo logró. Nos colocó ahí, primero como un rayo de esperanza y después como partícipes impotentes de lo que estaba por comenzar. La presencia de Puerto Rico y de Cuba nos hace ver que “el mundo es chiquito” y que lo que sucede en cualquier rincón del planeta nos afecta a todos.

            Música y Esperanza.  La música va de la mano con la esperanza. Desde el título, se nos invita a un concierto. Un concierto que, como la vida, está compuesto de piezas dulces y suaves como “La meditación de Thais” o piezas que nos remiten a tristeza como la “Danza macabra”. Así como la música, la lectura y el horror que va viviendo Leah va in “crescendo”. Y yo sentía mi corazón palpitar porque, de cierta forma, me daba vergüenza ser partícipe de la injusticia.

            Por otra parte, la música fue el hilo de esperanza. En medio del horror, Leah veía en la música su rayo de luz. Tocar el violín la hizo más fuerte y la alejó por un tiempo de las garras de la muerte.  La presencia de la música hace que la lectura sea menos difícil para el lector y el camino hacia la cámara de gas menos tormentoso para los personajes.

            Por otro lado, me pareció muy acertada la estructura circular que se le da a la novela porque la historia misma, si no se conoce a plenitud, lamentablemente, se vuelve circular, repetitiva.  Finalmente,  la historia inicia con una voz inocente, llena de esperanza y culmina con otra voz inocente (la de la nieta). La oración final, cargada de inocencia y el suceso de reencontrar el violín logra que el lector, finalmente pueda sonreír.

“Concierto para Leah” es una lección para el lector que lo tiene todo. Es una novela excelente. Maira Landa rompe con la memoria rota y nos presenta una historia llena de esperanza y un hecho que todos debemos conocer porque no podemos permitir que se vuelva a repetir.

 

 

 

 

©Jessika Reyes Serrano

Profesora y estudiante doctoral de Literatura de Puerto Rico y el Caribe