Concierto para Leah

Novela - Autora Maira Landa

Quinto lugar en el Premio Planeta 2009

Publicada por Editorial Pasadizo

 

 Sinopsis

 

"Escrita en un formato de cuatro movimientos y una coda, el lector transitará por este texto acompañado de términos musicales. Concierto para Leah es la historia de una jovencita con un talento prodigioso para el violín, cuya meta es convertirse en concertista. En el año 1939 Leah, sus padres y su hermana salen de Hamburgo hacia Cuba en el Saint Louis, un barco repleto de judíos que buscan escapar de los nazis. El gobierno cubano los rechaza y los obliga a regresar a Europa.

 

A Leah y su familia los ubican en París. Cuando los nazis invaden Francia son enviados a Auschwitz, donde Leah verá cómo desaparecen su familia, sus ilusiones y su violín. Los recuerdos la acompañarán hasta el fin de sus días, al igual que el número que le tatuaron en el brazo.

 

Cuarenta años más tarde, un famoso pianista se enfrenta a una angustiosa verdad que lo llevará a descubrir algo devastador y que lo hará entender el origen de su virtuosismo”.

 

Concierto para Leah

Novela en cuatro movimientos

Por Maira Landa

 

Fragmentos:

 

“Quise impregnar mis poros del aroma de las flores de aquel jardín, testigo de mis ratos felices. Muy dentro de mí irrumpieron los compases de una polifonía, con una tesitura de gran densidad, que me llegaba desde muy lejos en oleadas cada vez más definidas. Un lied triste, infinitamente triste”.

 

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“De la noche se habían ausentado las estrellas. El viento batía con fuerza y el cielo se tornaba de un rojo intenso, como si se avecinara una tormenta. Unas figuraciones de notas, intervalos, bemoles y sostenidos se agolparon sin control en mi cabeza, hasta adquirir una sonoridad compacta. Mis fibras vibraban incontrolables al ritmo inquietante de un réquiem.

 

Debió haber sido un presagio, pues esa madrugada se recibió el primer cablegrama que desataría la odisea. Los periódicos de París informaban que Cuba se negaba a recibir más refugiados”.

 

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“Llevábamos apenas unas horas en Auschwitz y nos habían convertido en criaturas mecánicas, inexpresivas, en entes grotescos, enfundados en un uniforme ridículo y burdo, sin cabello, sin voluntad, sin nombre, identificados por un número tatuado. Apenas podía controlar la rabia. Sentía un odio infinito hacia aquellos monstruos. ¿Dónde estaba Dios?”

 

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“Cada día llegaban más trenes con nuevos prisioneros, a quienes la orquesta les daba la bienvenida con melodías alegres, llenas de esperanzas. Los recién llegados se tranquilizaban, sonreían y caminaban confiados hacia su destino. Los niños saltaban al compás de la música. Las mujeres de la orquesta se habían convertido en émulos patéticos del flautista de Hamelín”.

 

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 “Toqué una de las piezas del Fantasiestucke, de Schumann. No cerré los ojos ni un instante para no perderlo de vista, por si acaso, pero él parecía inofensivo, inmóvil en su butaca. En su mano izquierda sostenía un vaso con algún licor. Movía la derecha con gracia para marcar los compases de la música, igual que cuando mandaba la gente a la cámara de gas. La música invadía el silencio de aquel ambiente tan ajeno a mi realidad, se escapaba por las ventanas y se diluía en la noche.”

 

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“Me horroricé cuando me encontré con mi imagen famélica reflejada en un espejo. Las arrugas eran evidentes en mi rostro, los ojos opacos atrapados en dos cuencas oscuras, el cabello ralo, reseco y sin vida, la piel cetrina, la espalda encorvada. Aquella mujer no podía ser yo. ¿Dónde estaba la Leah que yo conocía? No sólo por dentro había cambiado, tenía el aspecto de  una anciana cadavérica y apenas tenía 23 años”. 

 

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¡Qué lejos había quedado aquel sueño de ser concertista! Se miró las manos, lastimadas por el trabajo esclavo. Recordó ese día ya muy lejano, poco tiempo después de llegar a Amiens, cuando enterró su anhelo porque se dio cuenta de que ya no eran las de antes, que carecían de la inocencia necesaria para producir el sonido puro de la música. Fue entonces que tuvo la certeza de que la Leah de antes jamás volvería”.

 

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